Hay personas aburridas, cuyas vidas personales no son tan interesantes, por lo que se inmiscuyen en las de los demás, repitiendo, exagerando y –a veces- inventando datos extravagantes, curiosos, que pueden resultar entretenidos para ellos, pero una causa de vergüenza para el protagonista de la situación.

Las ganas de participar en una charla, de ser protagonista y orador, los empujan a revelar lo que de alguna manera puede ser confidencial, un secreto, una información de índole privada que, a la larga, puede afectar la estabilidad de toda la relación.

Para evitar la indiscreción es necesario hablar con firmeza y reclamar la conducta indiscreta desde el inicio.

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