Cuando un sentimiento poderoso nos invade ocupa casi todo el espacio de nuestra mente y consume buena parte de nuestro tiempo. Si ese sentimiento es indeseable, sólo hay una forma rápida de eliminarlo, de sacarlo de nuestra mente: otra emoción, otro sentimiento más fuerte, incompatible con el que queremos desterrar. Basta darnos cuenta de cómo cambia instantáneamente nuestro mal humor y agresividad hacia esa persona que se nos cruza y nos hace caer al suelo cuando descubrimos que es un ciego. Llegamos incluso a sentirnos avergonzados de nuestro enfado precedente. Pero lo que cambia al saber lo que pasaba no es el susto que ese invidente nos había dado, sino nuestro modo de considerarlo.


El razonamiento — ¡tranquila, no pasó nada!— no tiene la capacidad de cambiar casi instantáneamente el modo en que vemos las cosas sino una emoción mayor, en este caso la compasión por la discapacidad del otro, no fue intencional.


Con el paso del tiempo hasta los sentimientos más fuertes se desvanecen, pero a corto y medio plazo en la mayoría de las ocasiones de la vida sólo las propias emociones tienen capacidad para superarse a sí mismas. Frente a una emoción fuertemente negativa provocada por una injusticia una emoción de justicia sí la supera. Una emoción de tristeza provocada por el abuso psicológico puede ser cambiada por una fuerte emoción de enojo, pero es más fuerte aún una emoción de autoestima que nos muestra que somos más fuertes que eso.

Nunca intentes controlar a un controlador
Sé asertivo y dile claramente lo que piensas, pero ni te hagas la víctima ni le digas lo que tiene que hacer.

La persona controladora suele tomarse incluso los pequeños asuntos como una lucha de poder. Por lo que también es recomendable que no te desgastes por cosas sin importancia. Por ejemplo, si le da por discutir por haberte olvidado de ponerle el tapón a la pasta de dientes, ponlo y se acabó el problema.

Porque no tiene otra manera mejor de llamar la atención. Lo que les fastidia a este tipo de personas es que no te molestes y que no les hagas caso.

El constante rechazo de los afectos y para ganar confianza en ti desarrolla tus habilidades.

Cuando Simbad emprendió su quinto viaje, su barco fue atacado por inmensas aves que, desde las alturas, soltaban enormes piedras sobre el navío. Una de las rocas dio de lleno en cubierta y el barco se hundió. Simbad fue el único que sobrevivió agarrándose a un madero.


Después de unos días de flotar a la deriva en el mar, arribó a una playa de una hermosa isla, llena de agua, árboles frutales y vides.


Mientras exploraba la isla, se topó con un hombre muy anciano que estaba sentado junto a un manantial de agua. Parecía débil e indefenso. Simbad pensó que era también un náufrago e intento comunicarse con él, pero el anciano no habló en ningún momento. Por señas, hizo entender a Simbad que lo subiera a sus espaldas para poder alcanzar la fruta de un árbol y el joven así lo hizo.


Tan pronto estuvo sobre sus espaldas, el viejo cerró sus flacas manos entorno del cuello de Simbad y apretó tan fuerte que el joven marino se quedó sin aliento y cayó al suelo. Después, el viejo aflojó la presión y golpeando con las piernas a Simbad lo obligó a ponerse en pie y lo usó de montura, cabalgando sobre él por toda la isla.
Cada vez que Simbad intentaba librarse del viejo de la isla, las manos del viejo oprimían su garganta y los pies le golpeaban salvajemente el pecho y el vientre.


El trabajo de Simbad era agotador. Tenía que recorrer la isla continuamente con la carga a sus espaldas y apenas podía dormir. El viejo solo le concedía a Simbad cortos momentos de reposo, porque él jamás dormía.


Un día en el que Simbad tenía mucha sed, exprimió uvas en el interior de unas calabazas vacías y empezó a beber. El viejo insistió en que le diera a probar la bebida. A Simbad, de repente, se le ocurrió una idea y el zumo de uva sobrante quedó abandonado al sol.


Pasados unos días, volvieron al lugar y Simbad volvió a beber el líquido de la calabaza. El zumo, con el sol, había fermentado y al beberlo, Simbad olvidó por un momento sus pesares y cantando alegremente se puso a corretear arriba y abajo.


Al ver lo que ocurría, el viejo sintió curiosidad e insistió en probar el líquido. Al beber el vino, en lugar de ponerse alegre, lo que le ocurrió fue que se mareó tanto que, poco a poco, fue soltando su presa y Simbad, aprovechó para desembarazarse de él y darle muerte.


Al poco, un barco llegó a la isla para aprovisionarse de agua y Simbad les contó su historia a los asombrados marineros, que le dijeron que era el primero que lograba escapar de la isla del viejo del mar. El malvado anciano esclavizaba a los náufragos que llegaban a su isla y, después, cuando ya no le eran de utilidad, los estrangulaba.
Gracias a su ingenio, Simbad había logrado hacer segura aquella ruta marina.

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