¿Por qué tan de malas todo el mundo? Porque se les está moviendo el tapete y quieren que nadie se mueva. No quieren que hagan olas.
En tiempos difíciles como los de ahora es necesario estar en contacto con la realidad en que vivimos.
Mantengamos la calma y actuemos con sensatez. Gruñir todo el tiempo no resuelve las cosas y vivir en las nubes sólo las complica.

Cuando una mujer siente que para que ella esté bien las personas cercanas afectivamente tienen que estar mal, es que tiene un profundo dolor de autoestima.

Por el impulso impositivo de llevar siempre la contra.

Este impulso ciego nubla la mente y no se detiene hasta que rompe la relación de confianza.


Un sentimiento común en la mujer de esta década en no estar a gusto consigo misma a causa de la propaganda comercial y la moda, pero hay un problema más profundo aún. En cada ocasión en que no actúas según tus propios principios, pierdes autoestima. Por el contrario en cada ocasión en que actúas según tus propios principios estarás más a gusto contigo misma. Un ejemplo muy sencillo: cada vez que atacas a una amiga, aunque ella no lo sepa, tú te sientes mala amiga.

El patriarcado es un sistema social en el que predomina el padre sobre la familia entera. El patriarca (el hombre de mayor peso social) tiene el poder sobre la esposa, hijos, hijas, nietos, nietas y muy frecuentemente sobre  los hermanos de éste y sus familias. Esto es: el sistema patriarcal actúa sobre el binomio dominación (patriarca) – sumisión (familia extendida).

Este tipo de estructura social no favorece la colaboración, más bien la bloquea. Por ejemplo cuando una mujer tiene o pretende una posición de dominio (usurpa la figura patriarcal) es combatida sistemáticamente por todos: hombres y mujeres de dicho sistema social.

En la colaboración, tanto hombres como mujeres con actitud de responsabilidad reparten las cargas de trabajo según las habilidades personales y al ser todos corresponsables del resultado la colaboración se propicia.

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