El simple hecho de que un niño sea rechazado por otros en un parque a la hora de jugar, o que los padres le regañen en público por alguna travesura, puede ser motivo más que suficiente para sentir vergüenza.

Para acabar con estas situaciones lo verdaderamente importante es dotar a los niños de herramientas para poder enfrentarse a sus temores, o para poder relacionarse con las personas sin mayor dificultad.

Dar confianza y todo nuestro apoyo a un niño puede marcar la diferencia y hacerle comprender que el hecho de que en ocasiones podamos ser rechazados, no tiene que conducirnos a la ira ni al enfado, por poner un ejemplo.

Si ayudamos a entender este tipo de situaciones a los niños habremos ganado una batalla lo cual puede evitar que la timidez se instale en la forma de ser del pequeño.