La etapa de la adolescencia es crucial en el desarrollo de habilidades emocionales al igual que las físicas y mentales.
En la medida que a los adolescentes asumen responsabilidades adquieren confianza en sus capacidades y arraigan valores de gran impacto en su calidad de vida.

La ausencia de sensibilidad ante el dolor ajeno y su incapacidad para comprender los sentimientos de los demás son síntomas de un niño emperador.

El niño ha adquirido el estatus social de rey de la casa y, como los padres trabajan todo el día, les conceden todos los caprichos, no quieren tener conflictos cuando llegan por la noche y algunos abandonan su responsabilidad educativa.

La actividad lúdica y el juego también sirven como herramienta del desarrollo emocional. Es un factor favorecedor motivacional y está directamente relacionado con el bienestar físico y emocional de los niños.