La ausencia de sensibilidad ante el dolor ajeno y su incapacidad para comprender los sentimientos de los demás son síntomas de un niño emperador.

El niño ha adquirido el estatus social de rey de la casa y, como los padres trabajan todo el día, les conceden todos los caprichos, no quieren tener conflictos cuando llegan por la noche y algunos abandonan su responsabilidad educativa.

La actividad lúdica y el juego también sirven como herramienta del desarrollo emocional. Es un factor favorecedor motivacional y está directamente relacionado con el bienestar físico y emocional de los niños.

Las familias en el siglo XX solían dedicar el día domingo a disfrutar jugando juntos. Un día de campo, ir a la feria, juegos de mesa, armar un coche de baleros, disfrutar de la alberca en el club deportivo, jugar a los bolos o un minigolf para niños...