Un ecosistema está en equilibrio por las propias leyes de la naturaleza. Cuando el ser humano altera ese equilibrio el ecosistema se sale de madre: esto quiere decir que se desborda como un río.


El ser humano que no valora, que desprecia a la naturaleza, la atropella destruyendo el equilibrio existente. Al romperse el equilibrio las fuerzas de la naturaleza se desbordan, se desmadran.

 

¿Coincidencia?, ¿azar?, ¿karma?, ¿Es todo el resultado de la interacción de fuerzas?, ¿Hay personas más afortunadas que otras? Sí, todo lo anterior y algo más: “Todos los actos tienen consecuencias”. Tanto las buenas como las malas acciones tienen consecuencias y no siempre están a la vista.


Es de todos conocido el efecto mariposa, también el efecto dominó. Mucho es cuestión de proporciones y de estadísticas. Cuantas más acciones positivas estén en el ambiente más probabilidades de consecuencias afortunadas y sorpresivas. Por lo tanto a mayor concentración de acciones negativas estén en el ambiente mayor probabilidad de consecuencias nefastas.

 

Una serpiente y un águila luchaba entre sí en un conflicto mortal. La serpiente atacaba traicioneramente y estuvo apunto de matar al ave.
Un campesino las vio y, corriendo, atacó a la ponzoñosa serpiente mientras el águila voló libre; la serpiente irritada por la fuga de su presa, inyectó su veneno en el guaje en el que el campesino llevaba su agua.
El campesino ignorante de su peligro, estuvo a punto de beber, pero en eso el águila bajó, agarrando el guaje envenenado, se lo llevó a lo alto y derramó su contenido, salvándole así la vida.

Moraleja
Habrá nobleza para el que ha actuado con nobleza.

Muy frecuentemente se deja de ver la justicia inmanente que hay en las consecuencias de los actos injustos. Aunque la impunidad es muy frecuente en nuestros días, dicha justicia inmanente siempre se cumple.


Quien comete actos graves o leves de injusticia nunca tiene confianza en aquellos que le rodean. Viven llenos de miedos, amarguras y resentimientos. Nadie soporta vivir con quien es gravemente injusto, así que quienes le rodean están ahí obligados.


Aquellos que son injustos tampoco están en paz consigo mismos por lo que siempre abusan del alcohol o de las drogas; no consiguen conciliar el sueño y viven realmente en un infierno de soledad aunque estén rodeados de lujos.