Con mucha frecuencia las personas que se sienten inseguras en sus convicciones sienten que no pueden dejar que los demás hablen tranquilamente del tema que les inquieta pues se sienten amenazadas, cuanto más débiles se sienten, se oponen con mayor agresividad a cualquier cosa que los demás digan. Aprender a escuchar a las otras personas, por más que no estemos de acuerdo con lo que ellos dicen, es una muestra de fortaleza interior, es producto de la confianza que uno tiene tanto en el propio conocimiento del tema o situación sobre la que se trata de entablar una conversación.
 
 La persona insegura piensa que con gritar o no dejar hablar al otro lo dejará convencido de su autoridad, sin embargo ocurre todo lo contrario.  La persona intolerante tiene, por lo general, muchas lagunas de información o un sólo objetivo imponerse, anular a la otra persona.
 
 Aquel que es buen oyente se destaca sobre lo demás. Es que, además de escuchar y dejar hablar a los otros, demuestra que tiene apertura mental, confianza en sí mismo. Sabe tolerar las críticas y las voces disidentes. Por eso mismo, cuando le toca dar su opinión, lo hace sin ser agresivo y exponiendo claramente sus ideas. Esa es la razón por la que sus palabras son escuchadas con atención. Quien sabe hablar también sabe escuchar y viceversa. Todo parte del respeto, el entendimiento y la serenidad mental.

 Saber escuchar y dejar hablar a los demás correctamente es un claro síntoma de madurez mental, intelectual y afectiva. Sólo aquel que está preparado para ello sabe aceptar a los demás, incluso sus prejuicios, exageraciones y otras cosas que mucha gente no toleraría. 

 Por esto mismo es fundamental el hecho de aprender a escuchar en el proceso de desarrollar poder personal. Cuando lo hayamos logrado, será una señal de que vamos por buen camino en nuestro proyecto de alcanzar fortaleza personal, dicho de otra manera estamos "empoderando nuestra propia personalidad".