La no violencia no consiste en la pasividad ante los problemas, sino que consiste en enfrentarse constantemente a ellos mediante métodos no violentos. Se puede considerar que han existido procesos de transformación social no violenta desde el inicio de la humanidad: cabe señalar muy especialmente las huelgas, aunque también se incluyen formas de actuación política (incluido el voto o la abstención) sin violencia. Por el contrario, la invención de los ejércitos (la preparación para la violencia jerarquizada separada de la sociedad) es muy posterior. Sin embargo, las formas de noviolencia que se reconocen a sí mismas como tales —en nuestro moderno contexto de violencia organizada— afloran, por lo que se refiere a la cultura occidental, a partir del siglo XIX.
 
 
La metodología de acción personal y social basada en la «no violencia activa», promueve una actitud social y personal frente a la vida, que tiene como herramientas principales de acción conjunta y conducta personal y social:
 
El rechazo y vacío a las diferentes formas de discriminación y violencia.
La no-colaboración con las prácticas violentas.
La denuncia de todos los hechos de violencia y discriminación.
La desobediencia civil frente a la violencia institucionalizada.
La organización y movilización social, voluntaria y solidaria.
El apoyo decidido a todo aquello que favorezca la no violencia activa.
 
 
La superación de las raíces de la violencia en uno mismo, el desarrollo de las virtudes personales y de las mejores y más profundas aspiraciones humanas.
Según esta metodología, la acción por la transformación social no se opone a la acción por la transformación personal. Por el contrario, se las entiende como íntimamente vinculadas proponiendo un accionar simultáneo por superar tanto la violencia social (externa) como la violencia personal (interna). En este sentido, se podrían citar como métodos no violentos los siguientes:
 
La desobediencia civil: Consiste en no cumplir el pago de impuestos o cualquier otra ley que uno considere que es injusta u opresiva. La desobediencia civil que probablemente ha tenido una mayor continuidad y repercusión históricas ha sido siempre la Objeción de conciencia al servicio militar y a otros trabajos obligados por el Estado; se tienen noticias desde la mitología griega hasta todos los estados en que actualmente se mantiene el Servicio Militar Obligatorio, e incluso en ejércitos profesionales en tiempo de guerra. También fue usada por Henry David Thoreau, pensador y escritor anarquista de Massachusetts (EE. UU.), que en 1885 se negó a contribuir con sus impuestos a un estado que apoyaba la esclavitud y escribió al respecto un influyente Ensayo sobre la desobediencia civil que influyó en el pensamiento de León Tolstoy, Gandhi y Martin Luther King. Actualmente, y desde la Guerra del Vietnam, continúa la Objeción Fiscal a los Gastos Militares y la Objeción Científica a la Investigación Militar en buen número de países, incluida España.
 
La huelga de hambre: Se basa, como su nombre indica, en negarse a ingerir alimentos hasta que aquello por lo que actuamos se cumpla, fueron un verdadero quebradero de cabeza para el gobierno Británico, las continuas huelgas de hambre de Gandhi.
 
El boicot a un producto o empresa: Consiste en negarse a comprar un producto o usar el servicio que una empresa nos ofrece, así lo hizo Martin Luther King, que organizó un boicot de 352 días contra la empresa de autobuses de Alabama, bajo el eslogan de "I am a Man" (yo soy un hombre)
La manifestación pacífica: Es la más conocida de todas y consiste en congregar públicamente a las personas que estén en contra o a favor de algo o alguien, como hizo Martin Luther King en su "marcha sobre Washington" donde pronunció su discurso "Yo tengo un sueño".
 
El bloqueo: Consiste en la interposición física usando el propio cuerpo (como en las protestas contra los convoys de residuos nucleares en Alemania) o mediante objetos (como en los taponamientos por Greenpeace de vertidos tóxicos); en todo caso evitando daños a las personas, y arriesgando solo la propia integridad.
 
La no colaboración: Consiste en negarse a realizar cualquier acto solicitado por el violento.
 
 
Aunque la corriente mayoritaria de nuestra cultura no nos adiestra en estos métodos -y sí en el uso de la coerción violenta- no requieren una preparación mayor, pero si distinta a la que solemos conocer. En cualquier caso, la no-violencia apela al sentido de la coherencia entre fines y medios, y rechaza la acusación de utópica mediante la inversión de la prueba: lo utópico es pretender un mundo sin violencia mediante la violencia.