por Zhi Zhen
 
Hay un antiguo dicho chino: “el verdadero caballero es el que trata a otros con bondad”. Sobre este tema trata el relato sobre un hombre llamado Wu Qianjin de la dinastía Ming (1368 – 1644).
 
 
Wu era un hombre fuerte y agresivo que practicaba las artes marciales. Si alguien se le atravesaba, él inmediatamente se desquitaba con los puños. Les arrebataba a otros sus propiedades y dinero a voluntad. Todo el mundo le temía.
 
Un día caluroso, ascendió a una terraza para refrescarse. Ya había varias personas allí cuando vieron a Wu, todos estaban aterrorizados y huyeron, excepto por un caballero anciano. Wu le dijo al anciano en un tono amenazante: “Todos han huido. Sólo tú no te has movido. ¿Acaso no crees que mi habilidad en las artes marciales es formidable?”
 
“Estás perdido y no caes en la cuenta de los errores de tu proceder”, contestó el anciano. “Tus padres te criaron esperando que te convirtieras en una persona que beneficie a tu país. Pero, como un experto de las artes marciales, no das ningún pensamiento en cómo contribuir a tu país. En vez, estás resignado a ser un patotero (NT de comportamiento antisocial, delictivo o violento). El país tiene de menos una persona talentosa. ¡Qué pesar!”. 
 
Wu se sintió avergonzado. “Todos dicen que soy una mala persona, así que yo también me considero malo. Tus buenas palabras hoy son como los sonidos de las campanas mañaneras y los tambores nocturnos, que de repente me despertaron”, dijo llorando. “Pero he sido malo durante tanto tiempo. Como una luna eclipsada que ya es difícil volver a estar redonda, aunque yo quisiera enmendar mi vida. ¿Podré convertirme en un verdadero caballero?”
 
El viejo contestó: “Si de verdad cambias tu corazón y mente, y cultivas tu carácter para ser una persona buena ¿cómo no vas a poder triunfar?”
 
Desde ese momento Eu Qianjin cambió sus costumbres. Comenzó a servirle a su país y luego se convirtió en mariscal delegado del ejército. Era muy respetado y apreciado por su mando profesional y amor hacia la comunidad. 
 
 
Hay un dicho antiguo: “Es humano errar, pro no hay mayor virtud que la que tiene aquél que corrige sus errores”.  El poder de la amabilidad es enorme, porque es omnipresente y es capaz de cambiar el corazón.
 
Cuando uno enseña con virtud y trabaja para lograr cambios con amabilidad, uno puede inspirar a otros a reflexionar sobre el verdadero significado de la vida y otros asuntos morales, tales como: cómo cuidar y amar a los demás en vez de estar perdido en deseos e intereses propios.
El poder de la amabilidad es enorme, porque es omnipresente y es capaz de cambiar el corazón de una persona desde su propio centro. La amabilidad puede guiar a otros en su búsqueda y práctica de la verdad, llevarlos de nuevo a la conciencia de tomar decisiones buenas y justas, para disolver todo lo que no sea virtuoso.