Los afectos que más nos duelen 

Erich Fromm

Uno de los dolores que más sufrimos es el no recibir de aquellos a los que hemos dado nuestro afecto, lo que sentimos que les es obligado por aquello que hemos dado. No nos detenemos a pensar si pueden darlo o no. No nos detenemos a pensar si nos han dado todo lo que ellos pueden y que tal vez nosotros no podríamos dar.

Detener por un momento el torrente de ese dolor de afecto y donación traicionado que nos atormenta, nos puede llevar a reconocer remansos constantes de donación y afecto que recibimos diariamente y hemos dado por obligados, que por no reconocerlos ni agradecerlos nos hemos llenamos de amargura innecesariamente.

Entonces serás un hombre, hijo mío.

Rudyard Kipling

Si tienes en ti mismo una fe que te niegan y no desprecias nunca las dudas que otros tengan.

Si esperas en tu puesto sin fatiga en la espera.

Si engañado no engañas.

Si no finges ser mejor de lo que eres.

Si al hablar no exageras lo que sabes y quieres.

Si sueñas y los sueños no te hacen su esclavo.

Si piensas y rechazas lo que piensas en vano.

Si tropiezas con el triunfo, si llega tu derrota y a estos dos impostores les tratas de igula forma.

Si vuelves al comienzo de la obra perdida aunque esta obra sea la de toda tu vida.

Si arriesgas en un golpe lleno de alegría tus ganancias de siempre a la suerte de un día y pierdes... y te lanzas de nuevo a la pelea sin decir nada a nadie de lo que es y de lo que era.

Si hablas con el pueblo y guardas tu virtud.

Si marchas junto a reyes con tu paso y tu luz.

Si nadie que te hiera llega a hacerte herida.

Si todos te reclaman y ni uno te precisa.

Si llenas el minuto inolvidable y cierto de sesenta segundos que te lleven al cielo...
todo lo que esta tierra será de tu dominio,
y mucho más aún, serás hombre hijo mío.

Se cuenta que en una pequeña ciudad, un grupo de personas se divertían con el tonto del pueblo, un pobre infeliz de poca inteligencia, que vivía haciendo pequeños recados y recibiendo limosnas.

Diariamente, algunos hombres llamaban al tonto al bar donde se reunían y le ofrecían escoger entre dos monedas: una de tamaño grande de 50 centavos y otra de menor tamaño, pero de 1 peso.

Él siempre tomaba la más grande y menos valiosa, lo que era motivo de risas para todos.

Un día, alguien que observaba al grupo divertirse con el inocente hombre, lo llamó aparte y le preguntó si todavía no había percibido que la moneda de mayor tamaño valía menos y éste le respondió:

- Lo sé señor, no soy tan tonto..., vale la mitad, pero el día que escoja la otra, el jueguito se acaba y no voy a ganar más mi moneda.

Esta historia podría concluir aquí, como un simple chiste, pero se pueden sacar varias conclusiones:

La primera: Quien parece tonto, no siempre lo es.

La segunda: ¿Cuáles son los verdaderos tontos de la historia?

La tercera: Una ambición desmedida puede acabar cortando tu fuente de ingresos.

La cuarta: y la conclusión más interesante: Podemos estar bien, aun cuando los otros no tengan una buena opinión sobre nosotros. Por lo tanto, lo que importa no es lo que piensan los demás de nosotros, sino lo que uno piensa de sí mismo.

La mayoria de mis reflexiones las he obtenido pensando en lo maravillosa que es la vida, pero las mas profundas, de los golpes y tropiezos que la misma me ha puesto.El fracaso no es para que te sientes a lamentar.

Jose Mazariegos

 

Quizás te diga un día que dejé de quererte, aunque siga queriéndote más allá de la muerte; y acaso no comprendas en esa despedida, que, aunque el amor nos une, nos separa la vida.

José Angel Buesa

 

La tristeza es un don del cielo, el pesimismo es una enfermedad del espíritu.

Amado Nervo

 

NO SE PUEDE CREAR PROSPERIDAD DESALENTANDO LA INICIATIVA PROPIA

ABRAHAN LINCOLN