No hay paz sin justicia.

No hay justicia sin equidad.

No hay equidad sin desarrollo.

No hay desarrollo sin democracia.

No hay democracia sin el respeto a la identidad y a la dignidad de las culturas y de los pueblos.


Rigoberta Menchú
Lo que aquí se presenta, no es fácil, pero ¿cuándo amar ha sido fácil?

Déjalo Hablar... porque hay en su pasado un tesoro lleno de verdad, de belleza y de bien

Déjalo vencer... en las discusiones, porque tiene necesidad de sentirse seguro de sí mismo.

Déjalo ir a visitar... a sus viejos amigos, porque entre ellos se siente revivir.

Déjalo contar... sus historias repetidas, porque se siene felíz cuando lo escuchamos.

Déjalo vivir... entre las cosas que ha amado, pues sufre sintiendo que le arrancamos pedazos de su vida.

Déjalo gritar... cuando se ha equivocado, porque los ancianos como los niños tienen derecho a la comprensión.

Déjalo viajar... en el automóvil de la familia cuando van de vacaciones, porque el año próximo tendrás remordimientos de conciencia si "Tu Viejo" ya no existe más.

Déjalo envejecer... con el mismo paciente amor con que dejas crecer a tus hijos, porque todo es parte de la naturaleza.

Déjalo rezar... como él sabe, como él quiere, porque el adulto mayor descubre la presencia de Dios en el camino que le falta recorrer.

Por favor... ¡déjalo ser!


La respuesta a algunas preguntas puede brindarnos pistas que nos ayudarán a tomar una decisión ante esa difícil coyuntura que te causa tanta ansiedad:

¿Lo amo?, ¿Miramos juntos en la misma dirección, tenemos la misma meta?, ¿Siento profundo interés por él o solo es costumbre?, ¿Lo deseo?, ¿Tengo confianza total en mi pareja, y en la propia relación?, ¿Reflexiono y me comprometo para ver qué puedo aportar a la otra persona y a nuestra relación para mejorarla?, ¿Me siento bien junto a él?, ¿Me esfuerzo y solo recibo indiferencia, humillaciones y hasta golpes?

Reflexiona en los siguientes consejos para fortalecer la pareja, decide cual o cuales puedes aplicar en caso de que pienses que hay solución a esos problemas que tanto te afligen:

Aceptar que nuestra vida es enteramente responsabilidad nuestra. No esperemos que la pareja nos haga felices. Nuestra felicidad depende, sobre todo, de nosotras mismas. No nos engañemos.

Saber que no tenemos que resolver la vida de la otra persona, buscándole soluciones, dándole consejos y marcándole las pautas de cómo debe vivir su vida. Cada uno es independiente y responsable de sus actos, emociones y sentimientos.

Aprender a escuchar. 

Aprender a dialogar. 

Aprender a consensuar. Lo mío y lo tuyo han de ser tenidos en cuenta y debatidos para poder llegar a definir "lo nuestro".

Respetarse mutuamente en todos los sentidos. Nuna dejarse llevar por impulsos, las ofensas y mucho menos los golpes o agresiones físicas, sexuales o contra la dignidad tuya y la del otro.

Compartir tiempo juntos... fantasías e ilusiones, al igual que acompañarse en los momentos tristes, duros y penosos.

Aprender a utilizar los conflictos y las crisis para aprender más de nosotros mismos, y en la medida de lo posible, sirvan como trampolín de desarrollo. Hablemos cuanto sea necesario, para que el problema no quede enquistado. No hay mayor desastre que el silencio.

No olvidar los detalles. ¡¡Dar y recibir!! El sexo, las caricias y el "te quiero" han de decirse, hay que explicitarlos. No valen los sobreentendidos.
 
 

Por el contrario, si piensas que ya no hay remedio y decides terminar una mala relación por bien de ambos, pero sobre todo por el tuyo, piensa que:


Se rompe la pareja, no toda nuestra vida  personal.

Es un momento para afrontar cambios y riesgos que nos alteran. Resulta recomendable pedir ayuda a personas competentes (amigas o profesionales), que de forma incondicional nos escuchen y acompañen en este trayecto.

Es una etapa de la vida que pasará, a la que seguirá otra u otras. No hay que aferrarse al pasado: eso significaría parar nuestra vida...¡¡y queda mucho por delante!!

Como toda pérdida, tendrá sus fases: lágrimas, desconsuelo, incredulidad, furia y rabia, necesidad de buscar culpables. Es normal que nos pase algo de esto, y así debemos asumirlo.

No todo es negativo. Podemos reflexionar sobre lo perdido (sin obsesionarnos). Pero es mejor buscar lo positivo, lo que mejora en nuestra vida con la separación. Los cambios siempre son para mejorar, solo ten paciencia y esfuérzate por conseguir lo que deseas.

Hagamos un balance autocrítico: cómo fue la relación, en qué fallamos nosotras...Así aprenderemos y evitaremos cometer los mismos errores en el futuro.

Hay que guardar lo bueno para, apoyándonos en ello, seguir adelante sin ira y cerrar el capítulo. Pero sobre todo...¡¡para abrir un nuevo capítulo en tu vida!!
La no violencia no consiste en la pasividad ante los problemas, sino que consiste en enfrentarse constantemente a ellos mediante métodos no violentos. Se puede considerar que han existido procesos de transformación social no violenta desde el inicio de la humanidad: cabe señalar muy especialmente las huelgas, aunque también se incluyen formas de actuación política (incluido el voto o la abstención) sin violencia. Por el contrario, la invención de los ejércitos (la preparación para la violencia jerarquizada separada de la sociedad) es muy posterior. Sin embargo, las formas de noviolencia que se reconocen a sí mismas como tales —en nuestro moderno contexto de violencia organizada— afloran, por lo que se refiere a la cultura occidental, a partir del siglo XIX.
 
 
La metodología de acción personal y social basada en la «no violencia activa», promueve una actitud social y personal frente a la vida, que tiene como herramientas principales de acción conjunta y conducta personal y social:
 
El rechazo y vacío a las diferentes formas de discriminación y violencia.
La no-colaboración con las prácticas violentas.
La denuncia de todos los hechos de violencia y discriminación.
La desobediencia civil frente a la violencia institucionalizada.
La organización y movilización social, voluntaria y solidaria.
El apoyo decidido a todo aquello que favorezca la no violencia activa.
 
 
La superación de las raíces de la violencia en uno mismo, el desarrollo de las virtudes personales y de las mejores y más profundas aspiraciones humanas.
Según esta metodología, la acción por la transformación social no se opone a la acción por la transformación personal. Por el contrario, se las entiende como íntimamente vinculadas proponiendo un accionar simultáneo por superar tanto la violencia social (externa) como la violencia personal (interna). En este sentido, se podrían citar como métodos no violentos los siguientes:
 
La desobediencia civil: Consiste en no cumplir el pago de impuestos o cualquier otra ley que uno considere que es injusta u opresiva. La desobediencia civil que probablemente ha tenido una mayor continuidad y repercusión históricas ha sido siempre la Objeción de conciencia al servicio militar y a otros trabajos obligados por el Estado; se tienen noticias desde la mitología griega hasta todos los estados en que actualmente se mantiene el Servicio Militar Obligatorio, e incluso en ejércitos profesionales en tiempo de guerra. También fue usada por Henry David Thoreau, pensador y escritor anarquista de Massachusetts (EE. UU.), que en 1885 se negó a contribuir con sus impuestos a un estado que apoyaba la esclavitud y escribió al respecto un influyente Ensayo sobre la desobediencia civil que influyó en el pensamiento de León Tolstoy, Gandhi y Martin Luther King. Actualmente, y desde la Guerra del Vietnam, continúa la Objeción Fiscal a los Gastos Militares y la Objeción Científica a la Investigación Militar en buen número de países, incluida España.
 
La huelga de hambre: Se basa, como su nombre indica, en negarse a ingerir alimentos hasta que aquello por lo que actuamos se cumpla, fueron un verdadero quebradero de cabeza para el gobierno Británico, las continuas huelgas de hambre de Gandhi.
 
El boicot a un producto o empresa: Consiste en negarse a comprar un producto o usar el servicio que una empresa nos ofrece, así lo hizo Martin Luther King, que organizó un boicot de 352 días contra la empresa de autobuses de Alabama, bajo el eslogan de "I am a Man" (yo soy un hombre)
La manifestación pacífica: Es la más conocida de todas y consiste en congregar públicamente a las personas que estén en contra o a favor de algo o alguien, como hizo Martin Luther King en su "marcha sobre Washington" donde pronunció su discurso "Yo tengo un sueño".
 
El bloqueo: Consiste en la interposición física usando el propio cuerpo (como en las protestas contra los convoys de residuos nucleares en Alemania) o mediante objetos (como en los taponamientos por Greenpeace de vertidos tóxicos); en todo caso evitando daños a las personas, y arriesgando solo la propia integridad.
 
La no colaboración: Consiste en negarse a realizar cualquier acto solicitado por el violento.
 
 
Aunque la corriente mayoritaria de nuestra cultura no nos adiestra en estos métodos -y sí en el uso de la coerción violenta- no requieren una preparación mayor, pero si distinta a la que solemos conocer. En cualquier caso, la no-violencia apela al sentido de la coherencia entre fines y medios, y rechaza la acusación de utópica mediante la inversión de la prueba: lo utópico es pretender un mundo sin violencia mediante la violencia.