La ansiedad y las relaciones familiares


En la actualidad vivimos bombardeados por muchas cosas que producen ansiedad: los programas de televisión, las conductas irritantes de quienes quieren conseguir la atención de los demás (niños o adultos), la inseguridad económica, el trato descortés o francamente grosero tanto en el trabajo, en la escuela o con las amistades, el trafico agresivo, y mil cosas más nos mantiene en un estado de ansiedad que no nos permite vivir, sólo sobrevivimos y pareciera que a golpes.

La ansiedad no permite pensar, exige soluciones rápidas o motiva reacciones impulsivas que sólo aumentan el caos y por tanto la ansiedad crece. Este ambiente externo produce dentro del ambiente familiar muchas frustraciones, enojos, regaños, gritos. ¡Un infierno!

Si queremos llegar a casa para descansar, para relajarse, para disfrutar necesitamos detectar en lo personal aquello que nos produce ansiedad. Enfrentar el miedo es la mejor manera de vencerlo. Si temes algo como, por dar un ejemplo, que te despidan porque hay recorte de personal en la empresa, piensa ¿qué es lo peor que podría pasar? Y decide qué harías en ese caso. Averigua a qué tienes derecho en caso de que te despidan, cómo puedes conseguir que te restauren en el puesto si el despido es injustificado, en qué lugares puedes poner solicitudes de empleo desde ahora. En fin ten un claro plan de acción, eso te tranquilizará, te dará armas de negociación y capacidad de reacción anticipando las dificultades que pudieran surgir.

Cuando ya sabes que hacer en el peor de los casos, lo que venga será siempre más manejable, tu frustración, ansiedad, y agresividad estarán en un nivel más manejable y por tanto el ambiente en tu casa va a mejorar. No digo que seas la única causa del mal ambiente familiar, digo que si tú estás tranquilo o tranquila puedes contagiar esa serenidad a los miembros de tu familia. Repito no te considero como el problema, te considero como parte muy importante de la solución.

 

La comunicación interpersonal es no solamente una de las dimensiones de la vida humana, sino la dimensión a través de la cual nos realizamos como seres humanos. Si una persona no mantiene relaciones interpersonales amenazará su calidad de vida.

Según Marroquín y Villa (1995: 21) los principios de la comunicación interpersonal son los siguientes:

Las personas se comunican porque esa comunicación es totalmente necesaria para su bienestar psicológico. La comunicación no es sólo una necesidad humana sino el medio de satisfacer otras muchas.

La capacidad de comunicación interpersonal no debe medirse exclusivamente por el grado en que la conducta comunitaria ayuda a satisfacer las propias necesidades, sino también por el grado en que facilite a los otros la satisfacción de las suyas”.

La calidad de vida que aporta una comunicación sincera, afectiva, eficaz involucra el respeto y aceptación mutua. Esto no se consigue manipulando los sentimientos ajenos. Todo lo contrario, sólo es posible cuando las personas se comportan coherentemente con lo que sienten, piensan y hablan, sólo desde la autenticidad interior y respetando tanto los sentimientos propios como los ajenos podemos alcanzar dicha calidad de vida.

Las actitudes, las creencias y las prácticas que se utilizan para excluir a las mujeres suelen estar profundamente arraigadas y, en muchos casos, muy asociadas con normas culturales, sociales y religiosas. Las encuestas, los sondeos y los casos estudiados proporcionan un buen indicio del predominio de la discriminación de género en muchos países. Una encuesta Gallup llevada a cabo en cinco países de Latinoamérica (Argentina, Brasil, Colombia, El Salvador y México) descubrió que la mitad de los encuestados creía que la sociedad favorecía a los hombres más que a las mujeres.

En el Brasil, sólo el 20% de los encuestados (mujeres y hombres) cree que la sociedad trata a ambos géneros por igual, mientras que más de la mitad de los brasileños y de sus vecinos argentinos consideran que las mujeres y los hombres no disfrutan de las mismas oportunidades laborales. Aunque estos resultados están extraídos de una encuesta a pequeña escala, son un buen indicativo de un reconocimiento más amplio de la discriminación de género en la sociedad.

El examen de las actitudes sociales en asuntos específicos, tales como el acceso a la educación de las mujeres y sus oportunidades de generar ingresos, deja al descubierto incluso más claramente el alcance de la discriminación de género y permite contrastar la situación de todos los países. La Encuesta Mundial de Valores revela que un número alarmante de hombres –que, como revela el informe, a menudo tienen el poder de asignar los recursos familiares para servicios vitales como la educación y la atención sanitaria– cree que la educación universitaria es más importante para un niño que para una niña. Unas dos terceras partes de los encuestados masculinos en Bangladesh indican que la educación universitaria de los niños debería tener prioridad sobre la de las niñas, una opinión de la que se hace eco una tercera parte o más de los encuestados varones de México, la República Islámica de Irán y Uganda, entre otros. Sin embargo, en algunos países, la opinión de los hombres es menos discriminatoria. Sólo 1 de cada 10 encuestados en China, y menos de 1 de cada 13 en los Estados Unidos, tenía esa misma opinión.

Estas opiniones sobre la educación se reflejan sobre todo en las actitudes hacia el trabajo de las mujeres y su participación en la política. Más del 80% de los hombres de los siete países de Oriente Medio y Norte de África en los que se realizó el sondeo cree que, cuando los puestos de trabajo son escasos, los hombres tienen más derecho a trabajar que las mujeres, y que son mejores dirigentes políticos que ellas. En otras regiones, la proporción de hombres que opinan de esta manera es inferior, pero todavía considerable.

La encuesta revelaba que las opiniones de las mujeres también pueden ser igualmente discriminatorias hacia las de su propio sexo, aunque no tan extremas. Un número sorprendente elevado de mujeres encuestadas estaban de acuerdo, y en algunos casos absolutamente, con la declaración de que los hombres son mejores dirigentes políticos que las mujeres, incluyendo a más de la mitad de mujeres encuestadas de Bangladesh, China, la República Islámica de Irán y Uganda, más de un tercio de Albania y México, y una de cada cinco encuestadas de los Estados Unidos. Estos datos subrayan el hecho de que las actitudes discriminatorias hacia las mujeres, jóvenes y niñas no las tienen únicamente los hombres sino que asimismo reflejan normas y percepciones que pueden ser compartidas por toda la sociedad. La investigación ha mostrado que cuando las mujeres dejan a un lado estas normas y se relaja la presión para adaptarse, sus valores y elecciones son muy diferentes.

Los datos disponibles apuntan hacia una clara conclusión: las desigualdades entre los géneros siguen estando obcecadamente arraigadas en todas las regiones del mundo. Un intento de captar la discriminación de género en un simple indicador es el Índice de Potenciación de Género (IPG) del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, en el que se evalúa la igualdad de género en las esferas principales de participación económica y política en la toma de decisiones. El Índice de Potenciación de Género incluye el cálculo de ingresos salariales (un elemento decisivo sobre la influencia de un miembro de la familia en las decisiones de la misma), el porcentaje de mujeres que ocupan posiciones laborales de rango superior y el porcentaje de mujeres en el parlamento. Como indica el IPG, la potenciación de género más baja se encuentra en las regiones de Oriente Medio y África del Norte y de Asia meridional, y la más elevada en los países industrializados, aunque existen diferencias notables entre las regiones. A pesar de que los países más pobres tienden a tener niveles más bajos de potenciación de género, no hay una clara evidencia de que la desigualdad entre los géneros disminuya automáticamente con los niveles altos de ingresos. Por consiguiente, un bajo ingreso no tiene por qué ser una barrera para niveles más altos de potenciación de género.

 

Reflexiones de Tenzin Gyatso Dalai Lama XVI Premio NOBEL de la PAZ 1989

Nuestros problemas se deben a un apego apasionado a las cosas y a deseo que nunca se satisfacen por completo, entonces generan aún más angustia. Percibimos a las cosas como entidades permanentes. En el empeño de conseguir estos objetos de nuestro deseo, empleamos la agresión y la competencia como herramientas supuestamente eficaces, y nos destruimos cada vez más en el proceso.

Si un individuo posee la base espiritual necesaria, no se dejará vencer por la tentación tecnológica y la locura de poseer. Sabrá encontrar el justo equilibrio, sin pedir demasiado. El peligro constante es abrir la puerta a la codicia, uno de nuestros más encarnizados enemigos, y ahí reside el verdadero trabajo del espíritu.

A través de la paz interior se puede conseguir la paz mundial. Aquí la responsabilidad individual es bastante clara ya que la atmósfera de paz debe ser creada dentro de uno mismo, entonces se podrá crear en la familia y luego en la comunidad.

Para crear una paz interior, lo más importante es la práctica de la compasión y el amor, la compresión y el respeto por los seres humanos. Los más poderosos obstáculos para ello son la ira y el odio, el temor y el recelo. De modo que, mientras la gente habla de desarme en el mundo entero, cierto tipo de desarme interno es prioritario.